sábado, 4 de febrero de 2012

Cumpliendo promesas....

Habían pasado meses desde la última vez que Camille había llorado por razones absurdas, mantenía activas sus piernas y entretenía a su mente para huir del dolor.
Era ya tanto tiempo el que había pasado, que ella misma había perdido la cuenta y un día sin más se descubrió a si misma suspirando un nombre distinto, no era el nombre que a sus labios le encantaba pronunciar…
No se lo quiso permitir, le resultaba lo suficientemente aterrador como para desear quedarse muda.
Pasaban los días y susurrar un nombre distinto sin siquiera darse cuenta, ya resultaba muy usual… resultaba tan natural pero al mismo tiempo tan aterrador, le causaba culpas y recordó aquella promesa, una promesa completamente falsa que ella y aquel hombre, ese hombre que provoca su constante insomnio e intranquilidad, se habían hecho ya mucho tiempo atrás.
¿Cómo cumplirla? Le resultaba completamente ilógico querer hacerlo, después de tantas lágrimas derramadas querer aclarar cualquier cosa o incluso cumplir una promesa tan bella como esa resultaba estúpido.
Pero en su mente sabía que quizás la culpabilidad provenía de un lugar profundo, donde se alojaba dicha promesa.
Se sentó en aquél parque donde los mejores momentos de su vida habían sido compartidos y pensó un rato mientras estaba sola… ni siquiera Cas o Nico la acompañaban esta vez, era ella, solo ella huyendo de la vida… enajenándose con recuerdos. Casi pudo releer mil veces esa promesa… a pesar de que tenía la sensación de estarse destruyendo, sabía que de una u otra forma se hacía un bien.
“Aquél día en que te enamores de nuevo y yo carezca de toda esperanza… ese día dímelo y dejare de esperarte”
“¿Por qué he de cumplir?” Se cuestionaba miles de veces, mientras por su mente pasaban otros miles de recuerdos, recuerdos que sobrepasaban lo bello y fue ahí cuando supo que debía hacerlo…
¿Cuántas veces no le había dado miedo dejar ir el recuerdo y él dolor que la mantenían unida a él? Por primera vez, en toda su vida… estaba completamente segura y libre de miedos acerca de esa situación específica, todo lo bueno quedaba en la caja de recuerdos, de eso que vale la pena contar y lo malo quedaba en la caja de experiencias, de aquellas de donde salen los mejores consejos.
Ella no estaba enamorada, simplemente por fin lograba sentir que le temblaban las piernas por otra persona…  y para ella, eso era suficiente, suficiente para saber que él carecía de toda esperanza, a pesar de que el no cumplió… ella quería cumplir, porque sí a ese hombre no le había interesado tener un poco de respeto por aquel amor que alguna vez se tuvieron… a ella le interesaba mantener un recuerdo puro y limpio, sin alteraciones, por eso compro un cuaderno y una pluma.
Comenzó a escribir, parecía que ya sabía exactamente que decir, pintó con palabras cada recuerdo que pasaba por su mente, como si estuviese escribiendo una novela a base de memorias…
10, 15, 20, 30, 40, 50 hojas y ella continuaba escribiendo, su mano no se cansaba y parecía que su escrito no tendría un fin, la gente que pasaba frente a ella simplemente la miraba extrañada, como si escribir representase un delito.

Llegó a la hoja 78 y comenzó a escribir el último recuerdo, el último que valía la pena contar, lloró mientras escribía, recordó cada palabra… todo dialogo entre ellos dos quedo plasmado en ese cuaderno, cada beso, cada mirada… todo estaba descrito con lujo de detalle, era un escrito capaz de erizar la piel, un escrito que dibujaba en la mente de cualquier lector el momento más mágico y bello jamás vivido por dos personas enamoradas, termino con ese recuerdo…. Habiendo usado 10 hojas más y terminó con las siguientes palabras:

“¿Recuerdas todo esto? Revivirlo por última vez fue único… vivirlo contigo, fue toda una experiencia. Gracias. Algún día quizás… este escrito llegue a ti, por medios desconocidos… pero alguna vez me dejaste bastante claro que el destino trabaja de formas misteriosas y confió en que algún día este cuaderno llegara a tus manos y no tendrás que leer ni dos páginas para entender que se trata de nosotros, conociéndote la curiosidad te matara y vendrás a esta hoja… donde cumplo una de las promesas más tristes que alguna vez nos hicimos…. He encontrado otro nombre que suspirar, me encanta su sonrisa tan pura y esa expresión somnolienta y relajada que siempre le acompaña, adoro su voz y verlo… sonreír, reflexionar, caminar… escucharlo hablar… extermina mis neuronas, altera mis nervios y renueva mi alma… todo al mismo tiempo, no me he enamorado, no he perdido la cabeza, no es mi primer pensamiento al despertar ni el último antes de irme a dormir… pero sé decir, que gracias a él… por fin careces de toda esperanza y aunque sé que jamás ha sido de tu interés esperarme, espero que todo este tiempo en el que no has sabido de mí, haya sido satisfactorio, bello y sobretodo extraordinario… porque es lo que en algún tiempo siempre quise para ti… conserva este cuaderno, tíralo, quémalo, guárdalo… haz lo que te plazca con él… por ahora solo confiare en el destino y en que este escrito llegara a tus manos.
Suerte
Camille”

Se levanto de aquella banca en donde estaba sentada y dejo el cuaderno ahí, se alejó y no se molesto en mirar atrás.

Mientras tanto, un hombre se sentó en aquella banca donde se encontraba el cuaderno… siendo quizás el momento en que el destino comenzara a maquinar….


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