domingo, 16 de octubre de 2011

Fue así como un ángel rompio mi corazón

Esa tarde, tomé mi mochila y supe que comenzaba un largo tiempo, en el que tendría que fingir sonrisas, me recordaba mucho a la primera vez que termino conmigo. Me recordaba el hecho de que, tuve que fingir sonrisas y eso no era lo que me costaba trabajo… pero siendo honestos me gustan más mis sonrisas cuando son sinceras.
Tomé mi respectivo autobús y comencé a llorar mientras veía la ventana, recordé todas sus palabras, las canciones, las promesas… todo. No había algo en el mundo que no tuviera la plena capacidad de recordármelo.

Al bajarme tenía que caminar unos 20 minutos para llegar a mi escuela. Se me hizo eterno.
No entendía su actitud, ese no era el chico de quien me había enamorado… y me enojaba tanto esa idea… odiaba la idea de que él decía que detestaba verme llorar, pero… aparentemente esta vez no le había importado mucho. Tras cierto tiempo de caminar me di cuenta de que cantar me haría bien… por lo general no canto en la calle, porque me da pena mi voz… sin embargo esta vez tenía que sacarlo todo.
Comencé a cantar con toda la fuerza que mi voz proporcionaba y a pesar de que todo el mundo se me quedara viendo, mi corazón se sentía a gusto, al momento de pasar por aquella iglesia en la que nos juramos amor eterno y sellamos la promesa con un beso al salir, simplemente me persigne y eleve más el tono de mi voz, para que esa promesa me escuchara… el camino se terminaba y decidí elevar más y más la voz. Era la primera vez en toda mi vida que cantaba imprimiendo realmente un sentimiento a mi voz… sabía que si lo hacía el sentimiento de iría con el sonido emitido.

Llegué a la escuela, sequé mis lágrimas y guarde el reproductor. Entré como si nada, con una sonrisa bien puesta en la cara y a pesar de ver a miles de alumnos sentía la escuela completamente vacía, como si absolutamente nadie, fuese capaz de comprender que mi alma estaba muerta y era imposible revivirla. Llegué al patio de quintos, y deje mi mochila en una banca de mi salón, decidí esperar a mis mejores amigos en las jardineras.

Nicolás y Casiopea por lo general siempre estaban en la escuela antes que yo, pero ese día parecía que la tierra y la vida misma iban en mi contra así que con un nudo en la garganta pregunte por ellos y resulto que aún no habían llegado. Me senté de nuevo en las jardineras y me encontré con Armando un chico común… con quien igual me llevaba bien, se encontraba con sus amigos, realmente no quería saludar a alguien, pero me veía obligada a hacerlo por educación. Me invitaron a sentarme con ellos y en eso vi a Nicolás entrar corriendo por el pasillo, llevaba un poco de prisa, sin pensarlo dos veces les dije a Armando y a los demás que debía pedirle una tarea de matemáticas, y se lo grite desde lejos.
Deben saber que Nicolás es de esos chicos especiales, que pueden llegar a ser el hermano de una chica, solo teníamos un año de conocernos y ya lo adoraba con el corazón, no hay mucho que describirle, es un chico castaño no mucho más alto que yo de facciones achatadas y lindos ojos. ¡Ah! Claro y de cariño todos le decimos Nico.
Aparentemente Nico se tomó el pretexto muy en serio…. Ya veía el sermón venir.

-Cam… ¿Nunca te vas a hacer responsable? Tienes que hacer tus tareas, ¿qué harás el día en el que no esté yo? Siempre es lo mismo contigo Camille y…

Fuimos interrumpidos, por nuestra mejor amiga Casiopea, ella es una chica impresionante… a veces te resulta increíble lo madura e inmadura que llega a ser esa chica, está completamente loca y al igual que Nico se había robado mi corazón en tan solo un año de conocernos, tampoco hay mucho que describirle… es chaparra, de gran corazón, cabellos castaños y ojos cafés. Jamás se calla lo que piensa y todos por aquí le decimos Cas.
Su voz acercándose era inconfundible… parecía que nadie me iba a dejar hablar.

 -¡Niños! ¡Hola! ¿Ya vieron mis nuevas rainboots? Todo mundo se me queda viendo extraño… me siento observada por la sociedad y…

Ok, para ese punto ya me sentía muy desquiciada y la abracé, obviamente su reacción fue de “Ok… yo también te quiero” y se quedó callada, fue cuando las palabras comenzaron a salir de mi boca.

-Damián… es un maldito.-Los dos se quedaron helados, así que me llevaron al salón y nos sentamos en la tarima.

-¿Qué te hizo?- Dijo Cas, con un tono de mamá comprensiva.
-¿Recuerdan lo que les conté?
-Sí, ya hasta habíamos visto como enviar las cartas. Zamantha ya me confirmo y nos va a…
-Ya no vamos a enviar nada….
-¿Por qué no?
-Porque fue una mentira… ya está enamorado de alguien más y todo lo que les dije, fue un invento suyo, nada era cierto… no término conmigo como Dios manda.

Los dos se quedaron callados. Se miraron y en ese momento quebré en llanto, los dos me abrazaron, no sabía que hacer…

-Es que no sé qué decirte.
-Yo tampoco, solo que… ya vendrán cosas mejores.

Entró el profesor de matemáticas, supongo que mis ojos eran patéticos y se dio cuenta de mi llanto, así que me pregunto si estaba bien y si quería salir, negué con la cabeza y le dije que estaba bien.

Obviamente era falso, pero lo mejor era seguir con mi vida... como si absolutamente nada hubiese pasado. 
Bien dicen que las mejores historias.... comienzan con un patán ¿no?

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